Antes que nada, esta historia no es de mi creación, pero soy el único que la ha traducido al castellano, hasta donde yo sé.
"Blade Squadron" es un relato corto de dos partes escrito por David J. Williams y Mark S. Williams para los números 149 y 150 de la revista Star Wars Insider.
Si queréis los números originales, seguid los siguientes pasos:
- Entrad en http://www.hungry-ewok.ru/sw/insider.htm
- Buscad los números 149 y 150.
- En la casilla correspondiente, picad donde dice "Download" y elegid "NEW! English".
- Empezará a descargarse automáticamente.
Yo lo descargué de esa forma, así que no creo que tengáis problemas.
La historia está incluida en el nuevo canon oficial de Star Wars. Me he tomado la libertad de traducirlo por amor al arte y para cualquiera que desee leerlo.
Soy el primero en reconocer que la traducción puede no estar perfecta, así que si alguien se da cuente de que alguna frase, palabra, etc. podría estar mejor, tendré en cuenta todas las sugerencias.
Por último, quiero aclarar que la historia se sitúa en el año 4 DBY, poco antes y durante la Batalla de Endor, en otras palabras, hacia el final de Star Wars Episodio VI: El Retorno del Jedi.
¡Que lo disfruten!
ESCUADRÓN HOJA: PARTE 1
Gina Moonsong se asomó
a la escotilla de la cabina y se deslizó por la escalera hacia la cubierta de
vuelo. Se quitó el casco de vuelo para revelar su rojo corte de pelo que había
llevado desde Dantooine, y se limpió el sudor de su piel olivácea. Antes de que
pudiera entregar el registro de vuelo al jefe de mecánicos, el profundo
barítono de la voz del jefe de ala suplente resonó en el hangar.
"¡En posición,
cadete!"
Moonsong se quedó
rígida y saludó con la sombra de una sonrisa que rozaba la insubordinación mientras el Teniente Braylen Stramm puso
su oscura cara junto a la de ella. Él parecía tan molesto como un oficial que
acabara de ver un ejercicio de entrenamiento de vital importancia arruinado… más
aún cuando el fin de superar a la Flota Imperial podría llegar un día u otro.
"¿Qué, en los
tres soles, creía que estaba haciendo ahí fuera, cadete?"
Moonsong dudó mientras
los pilotos salían de las naves a su alrededor. Las expresiones de sus rostros
eran de molestia… ¿la forastera estaba causando problemas otra vez…? Según el
interés profesional, ¿cómo iba a manejar su comandante de manual la última
infracción de la chica problemática del escuadrón?
Ella miró a los ojos a
Stramm, y sonrió.
"Cumplir la
misión con éxito, señor."
"¿Con éxito? Los
ordenadores dicen lo contrario. Fue destruida. Junto con medio escuadrón."
"Señor, le lanzamos
tres impactos a un Destructor Estelar. Señor."
"Solo que no era
un Destructor Estelar. Eso era un grupo de drones en el espacio simulando la
posición de un Destructor Estelar. Y usted rompió la formación para lanzarle
esos impactos. Después de que usted quedara aniquilada."
"Con el debido
respeto, señor, los calculos que envió el jefe de ala eran erróneos."
"¿Y en menos de
cincuenta horas es usted una experta pilotando un Ala-B? Esto no es como
contrabandear en Coruscant, Cadete. Cuando vamos a la batalla no atacamos a un
crucero de seguridad local. Nos enfrentamos a la Armada Imperial."
"Bueno, usted lo
sabía todo acerca de eso, ¿no es así?"
Un momento de silencio
estupefacto. Entonces Stramm respiró profundamente para citar a Moonsong por
una inevitable infracción disciplinaria. Pero antes de que pudiera hablar:
"Es
suficiente."
El Comandante de Ala
Adon Fox se acercó a los dos. Corpulento y con la cara roja, compensaba su
falta de físico guerrero con sus
reflejos y agilidad mental. Era conocido en toda la flota como jefe de pilotos
de primer orden. Sin embargo, en este momento era lo único que podía hacer para
evitar que se mataran el uno al otro.
"Voy a finjir que
los últimos cinco segundos nunca han sucedido," dijo. "Porque la
cadete tiene razón. Mis números eran erróneos."
Moonsong empezó a
responder, pero Fox la interrumpió: "Pero en lugar de estar regodeándose
allí, debería habernos dicho que estaba haciendo en primer lugar."
"Señor, no tuve
tiempo…"
"Entonces haga
tiempo."
Lo dijo con tal dureza
que Moonsong supo que no debía cuestionarle.
"El objetivo del
ataque de un escuadrón de Ala-B es que las naves combinadas actúen como un
multiplicador de fuerza. Si combinamos nuestros vectores de ataque, tenemos
muchas más posibilidades de terminar la misión con éxito… y vivos.
¿Entendido?"
"Sí señor."
"No creo que ella
lo entienda en absoluto," murmuró Stramm.
"Ella hizo el
trabajo, Teniente; nadie dijo que esta guerra iba a ser fácil." Fox se
volvió hacia una Moonsong escarmentada. Sus ojos negros le recordaban a su
antiguo mentor, Barthow Quince. Tenían la misma mirada de decepción que le
hacían un nudo en la garganta.
"Esta no es su
guerra personal, cadete. Si hubiera creido que no iba a hacer nada bueno, anularía su estatus de vuelo aquí y
ahora, pero, francamente, no tenemos los suficientes pilotos."
Elevó un poco la voz,
dejando que sonara por todo el hangar.
"Tal como están
las cosas, acabo de recibir las órdenes del Almirante Ackbar. Mañana es el gran
espectáculo. La flota se dirige a Endor. Pero no participaremos en el asalto
principal. Nosotros protegeremos las líneas de comunicación de la flota y
vigilando la retaguardia…"
"¿¡¿Retaguardia?!?"
Moonsong no pudo ocultar su decepción. "No he llegado hasta aquí solo
para…"
"Suficiente,
cadete. Tenemos nuestras órdenes. Retírese."
Fox giró sobre sus
talones, y se alejó de la cubierta de vuelo. Sentía que el escuadrón no se
dirigía a la zona mortal. Por un lado, deseaba asestarle un gran golpe al
Imperio. Pero (por mucho que odiara admitirlo) el escuadrón no estaba
preparado. Y en cuanto a Stramm… tenía buenas intenciones, pero, francamente, lo
estaba intentando bastante. Lo que era de esperar; Stramm fue un ex-Oficial de
la Marina Imperial que estaba acostumbrado a una estricta disciplina y a la
cadena de mando. Lo que necesitaba era a darse cuenta de que la Alianza no
utilizaba los mismos recursos para entrenar a sus pilotos. La mayoría de ellos
nunca antes había pilotado un caza. Maldición, la mayoría de los nuevos cadetes
de vuelo eran de mundos apartados con poca o ninguna experiencia militar.
En especial, Gina
Moonsong. Como tantos otros que acudían a la Rebelión, ella no tenía ningún
entrenamiento formal y había aprendido a volar en rutas de contrabando fuera de
Coruscant. Moonsong podría tener una permanente aversión a las normas y
reglamentos, pero no se podía negar que era una piloto increíble. Sin duda
mejor que él mismo, tal vez casi tan buena como el legendario Wedge Antilles.
Fox no pudo evitar
sonreír mientras consideraba la verdadera razón del roze entre los dos pilotos.
Ellos pensaban que habían sido muy cuidadosos, pero Fox no era nada aparte de
perspicaz, y había visto la llama química entre ellos desde el primer momento
en el que se echaron el ojo. Si hubieran llevado o no las cosas más allá… bueno,
no era de su incombencia. Las relaciones con subordinados eran desconocidas en
la Marina Imperial, pero las cosas eran un poco más indulgentes en medio de la
Rebelión, donde no había restricciones más allá de qué comandantes de ala
estaba dispuesto a soportar. Y Fox no solo tiene cosas más importantes de las
que preocuparse, él no iba a invocar una doble moral. Todos en la vid del
escuadrón sabían cómo generales jugueteaban por ahí con princesas, y en todo
caso la Rebelión era más fuerte. Las relaciones ilícitas de su escuadrón no
eran problema de Fox, sino del adiestramiento. Su gente estaba aún verde. Aún
asustada.
Había sido el mismo,
no hace mucho tiempo. Cuando comenzó la Batalla de Hoth, había hecho menos de
cien horas de vuelo y sin embargo, esperaba pilotar su simple Ala-X como
escolta a un transporte de escape. Parecía una misión suicida, pero de alguna
manera salió adelante, y sobrevivió. Con lo que no había contado fue con la
destrucción del transporte de su esposa mientras despegaba por culpa del
bloqueo del Destructor Estelar. Pero después de aquello, Fox ya no estaba
asustado. No sentía casi nada en estos días, la verdad sea dicha. Y estaba bien
con ello. Se acostó en su cama, sabiendo que no había manera de pegar ojo antes
de la operación de mañana. Él sabía exactamente a donde se aventuraban sus
sueños, y se figuró que ningún sueño era mejor que tratar con fantasmas del
pasado.
Stramm tampoco dormía.
Había hecho un poco de
café, y se acomodó junto a diagramas esquemáticos de Alas-B, Alas-X, cazas TIE
y Destructores Estelares. Por no hablar de la Estrella de la Muerte original.
Había repasado todos los informes de la Batalla de Yavin… centrándose en
particular en los cuadernos de bitácora de Antilles y Skywalker. Habían logrado
lo imposible, pero ni siquiera ellos habían tenido que lidiar con naves
capitales que custodiaban la estación. Stramm sabía que esta vez la Armada
Imperial no iba a ser tan laxa, sobre todo porque la estación estaba lejos de
estar operativa.
Él conocía la lógica
imperial, por supuesto… de primera mano. Al menos tenían unos cuantos
Destructores estelares a su disposición, y probablemente emplearan una gran
cantidad de cazas TIE como piquetes de largo alcance. El plan del almirante
Ackbar de salir del hiperespacio lo más cerca posible de la Estrella de la
Muerte parecía el único plan posible, pero la idea le hizo un nudo en el
estómago a Stramm.
No era la muerte lo
que temía, sin embargo. Sino el fracaso. Su fe en la rebelión no era precisamente
ilimitada; no se había unido porque pensaba que iban a ganar. Solo estaba
cansado de luchar por una fuerza opresiva… de poner su bota en la garganta de
los provincianos cuyo único delito era no doblegarse con la suficiente rapidez.
Había pasado sólo un año desde que desertó de su cargo en la guarnición
imperial de Naboo y se dirigió hacia el Borde Exterior para unirse a la
Alianza. Finalmente rompió, pensando que era mejor morir luchando contra la
tiranía que seguir siendo su dispuesto servidor.
Y ahora parecía que
por fin se iba a cumplir su deseo.
El timbre de la puerta
rompió su concentración.
Stramm estaba más que
ligeramente sorprendido cuando la abrió para encontrar a Moonsong ahi de pie.
Sus ojos esmeralda parecían casi brillar en la oscuridad. Él la tomó por el
brazo,atrayéndola a sus habitaciones.
"¿Alguien te ha
visto venir?" preguntó.
"Francamente, la
gente tiene cosas más importantes de las que preocuparse." Moonsong señaló
los diagramas esquemáticos. "¿Haciendo un repaso de última hora, Teniente?"
"¿Qué quiere,
Cadete?"
Por un momento se
miraron el uno al otro. Entonces…
"Quería
disculparme," dijo ella.
"Es la primera
vez."
"Por lo que dije
en el hangar. No era mi intención cuestionar su lealtad. Estaba enfadada y me
pasé de la raya."
Stramm se encogió de
hombros. "Usted simplemente constató un hecho."
"Ya sabe a lo que
me refiero."
"Claro. También
estuve un poco alterado… solo porque…"
Moonsong dio un paso
adelante y puso su mano suavemente sobre el pecho de Stramm. "Sé por
qué."
Stramm puso su mano
sobre la de ella. "Vamos a salir de esta."
"No digas cosas
que no piensas."
"¿Qué quieres que
te diga?"
"La verdad."
"La verdad es que
ninguno de nosotros sabe lo que va a pasar mañana."
Eso la hizo reír a
carcajadas. "¿Qué es tan gracioso?" preguntó.
"'Ninguno de
nosotros sabe lo que va a pasar…' precisamente por eso tenemos una
oportunidad."
Él sonrió, y la atrajo
hacia él.
El Almirante Jhared
Montferrat estaba harto de los gritos.
No era un ruido que se
soliera oír a bordo del Devastador. Su tripulación era la mejor que había, y se
enorgullecían justificadamente del legado único de su nave. Y en este momento,
ese orgullo no podía ser mayor: después de meses asaltando el comercio rebelde,
la nave iba a reunirse con Vader y su flota en Endor. La batalla final de la
guerra podría estar en camino, y eso significaba que no había tiempo en
absoluto para distracciones. Así que cuando el Devastador pasó a capturar
algunos presuntos contrabandistas de camino al sistema, las órdenes de
Montferrat eran tan simples como crueles.
Lo cual significa que
hubo un montón de gritos.
Montferrat observaba a
los cuatro hombres esposados con su único ojo gris. Había oído ya suficientes
protestas desesperadas sobre cómo no eran espías rebeldes. Ciertamente, existía
la remota posibilidad de que pudieran estar diciendo la verdad acerca de ser
comerciantes, pero en última instancia no había ninguna diferencia. Montferrat
había descubierto en sus muchos años de mandato que lo mejor era mantener una
tripulación centrada en su misión. Esa fue una de las muchas lecciones que
había aprendido en los días en los que el Devastador sirvió como nave insignia
personal de Darth Vader. Una tripulación centrada era una tripulación menos propensa a cometer errores, y Montferrat creía en el trato con los fallos de forma rápida y definitiva. Así la oportunidad de demostrar el castigo por delitos era siempre bienvenida.
Dirigió a los soldados de asalto una breve inclinación de cabeza, que cerraron la compuerta, cortando los gritos. Uno de los contrabandistas empezó a golpear la ventana, pero Montferrat no se molestó en mirar. Esperaba que si su día llegaba, lo recibiría con más dignidad que los hombres que estaba despachando. El soldado de asalto activó la bolsa de aire y los golpes se detuvieron. El sargento dio un paso adelante.
"¿Qué deberíamos hacer con su nave, Almirante?"
"Dejadla a la deriva y que los artilleros la utilicen como blanco de prácticas. Puntuad los ejercicios y hacedme saber si algún artillero no logra alcanzar el cien por cien."
Sin esperar una respuesta, Montferrat giró sobre sus talones y se dirigió hacia el puente de mando. Tomó el camino largo, por supuesto. Siempre paseaba por la cubierta antes de una gran operación; le gustaba que los oficiales y la tripulación supieran que él estaba observando cada uno de sus movimientos. Eso fue una cosa más que Lord Vader le había enseñado. A decir verdad, no esperaba mucho en el camino hacia la acción de la próxima operación; no había manera de que los sorprendidos rebeldes fueran capaces de soportar el impresionante despliegue de poder que el Emperador había reunido para poner fin a sus sediciosas tonterías de una vez por todas. Aun así, su analítica mente se había repasado los detalles de la misión una y otra vez, y tenía la intención de llevarlas a cabo al pie de la letra.
Montferrat llegó al puente para encontrar al Comandante Gradd vestido con su impecable uniforme de vuelo. No cabía duda de que Gradd fue uno de los mejores pilotos de caza TIE en toda la flota, pero a Montferrat encontraba en su ostentosa naturaleza una fuente de continua molestia. Se aclaró la garganta.
"Comandante, quiero sacar sus interceptores y tomar posición en la popa de la nave."
Gradd arqueó una ceja y se pasó el dedo por el bigote, delgado como un lápiz. "Creía que íbamos a apoyar las operaciones de la Estación de Combate, Almirante."
"Así es, solo que ahora lo haréis más cerca de esta nave cuando nos vayamos a unir a la flota rebelde."
"Señor, ¿puedo sugerir que–?"
"No, no puede. Considerando que incluso la más pequeña de sus naves de ataque tiene hipermotores, no quiero que me tome por sorpresa un ataque de cazas, y quiero tener la libertad de maniobra contra sus naves capitales en cuanto tengamos luz verde."
Gradd se inclinó ligeramente y dedicó a Montferrat una sonrisa retorcida. "Una sensata modificación del plan, señor. Permítame felicitar–"
"Ahórreselo, comandante. Cuando la batalla esté ganada, estoy seguro de que habrá tiempo suficiente para las felicitaciones correspondientes. Retírese."
El experto guerrero se dirigió hacia la salida del puente. De alguna manera su ego no era demasiado grande para atravesar la puerta, pero a su paso Montferrat estaba en un enfurecido silencio.
Nadie se habría atrevido nunca a cuestionar las órdenes de Vader cuando él dirigía esta nave. Montferrat podría dar testimonio personalmente sobre eso, habiendo visto la Fuerza de Vader asfixiar a más de un oficial imperial desafortunado delante de sus propios ojos. Montferrat había vivido día a día con el temor de ese agarre mortal cuando él era subordinado de Vader a bordo del Devastador–y había estado (aunque nunca lo habría admitido) más que aliviado cuando Vader transfirió su insignia al Ejecutor.
No es que Vader necesitara estar en la misma nave para imponer castigos. Y de todas formas, el Ejecutor era visible en las pantallas en este mismo momento–una imposiblemente vasta nave, los Destructores Estelares parecían pececillos al lado de un tiburón. Mirando la nueva nave insignia, Montferrat casi deseaba que Vader lo hubiera elegido como oficial para servir en el puente del Ejecutor. Pero él sabía que esos pensamientos eran una tontería. Montferrat era guardián de un importante legado–un deber sagrado. El Devastador había sido testigo de batallas históricas–Había servido en el bloqueo de Hoth, y una vez incluso había capturado a la Princesa Leia Organa. Quién sabe, tal vez tendría otra oportunidad de frente a la batalla que se avecinaba. A la nave se le había reinstalado docenas de veces con los más avanzados sistemas y armas, manteniendo la competencia con las naves capitales operativas más recientes. El Devastator siguió siendo así uno de los comandos más prestigiosas de la flota. Montferrat habría sido el primero en decir que tenía la suerte de estar donde estaba, pero era bien sabido por todos los que servían con él que el almirante creía firmemente que no existía tal animal como la suerte. Levantó la vista de su ensimismamiento al ver a un oficial de puente alterado señalando una pantalla táctica.
"Almirante: la flota rebelde acaba de salir del hiperespacio."
Conmoción era de lejos una palabra demasiado suave para lo que experimentó la flota Rebelde, cuando se dio cuenta de que el escudo de la casi completa Estrella de la Muerte estaban activados. Pero aún más alarmante fue el hecho de que estaba completamente bloqueada por la más grande flotilla de Destructores Estelares jamás reunida–una gran cantidad de naves que se extendían por el cielo. Era una trampa. Fox soltó una maldición en voz baja cuando el comunicador de su Ala-A se llenó con las voces apuradas de los otros comandantes de ala pidiendo instrucciones. Tomó la situación; la principal fuerza de ataque rebelde encabezada por el General Lando Calrissian con el Halcón Milenario había interrumpido su ataque a la estación de combate y estaba siendo atacado con enjambres de cazas TIE enviados desde la flota Imperial. Detrás de ellos, el Destructor Estelar se dirigía hacia la matanza. La pantalla táctica de Fox parecía una telaraña con varias capas de interferencia electromagnética. No se sorprendió en absoluto cuando recibió órdenes de cancelar la misión de retaguardia y la reasignación inmediata de su ala.
"Ya era hora," dijo Moonsong.
"Menos charla, Hoja Tres," espetó Stamm. Moonsong se calló cuando Fox soltó las nuevas órdenes. No había tiempo para explicarles el porqué de la situación. Su trabajo no era pensar–de hecho, cuanto menos pensaran en este momento, mejor. Pero aún con la remota posibilidad de que los comandos rebeldes que habían desembarcado en la luna hubieran desactivado el escudo de alguna manera, la flota iba a tener que girar rápidamente y en sentido contrario a la Estrella de la Muerte. Iban a tener que aprovechar cada segundo. Y no iban a tener tiempo de abrirse camino a través de los todavía más numerosos Destructores Estelares. Uno en particular estaba desplegándose justo en frente del escudo...
Fox reconoció al Devastador.
La nave que Vader una vez había comandado. La nave que había matado a su familia. Apretó los dientes y activó su micrófono.
"Jefe Hoja a Escuadrón Hoja. Seguidme en el rumbo uno-siete-cero-delta."
El Escuadrón Hoja se dispersó, después de volver a reunirse como una bandada de pájaros saliendo disparados hacia la enorme nave en formación de punta de flecha. Pero cualquier esperanza que tenía Fox para un ataque rápido contra la enorme nave desapareció cuando dos docenas de Interceptores TIE se deslizaron por la popa del barco y llegaron a ellos cara a cara. Fox les vio precipitándose en las pantallas con una sensación de hundimiento. Él sabía en su corazón que la mayoría de sus pilotos habían apenas comprendido las técnicas necesarias para hacer que los ataques se ejecutasen en una nave capital. Y ahora iban a tener que pelear como perros por sus vidas contra cazas TIE experimentados. Sin embargo, la situación aquí era la misma que en el resto de la flota. Estaban rodeados. Era el fin.
Pero no lo fue.
Fox esbozó una sonrisa. Tal vez no fueran capaces de ganar, pero al menos darían a los imperiales una lucha que jamás olvidarían.
"Escuadrón Hoja… comience la ejecución de su ataque!"