lunes, 31 de marzo de 2014

Olvídame

Antecedentes para comprender la historia:
Una actriz de teatro, Natalie Valley, y su mayor fan, Markus Ford, que siente por ella mucho más que admiración. Solo se han visto en persona una vez, pero han seguido en contacto a distancia.



Mark se quedó esperando en la salida del teatro durante una media hora hasta que ella apareció.

—¡Hola, Natalie!—dijo lleno de felicidad.

—¡Mark! ¿Qué tal? Me alegro de verte.— respondió ella sorprendida con una sonrisa radiante mientras le daba dos besos en las mejillas.

—Yo me alegro muchísimo también de verte y escucharte.—dijo Mark señalando con la cabeza al interior del teatro.

—¿Nos has visto?

—Por supuesto.—Mark frunció el ceño—¿Qué clase de fan sería si no fuera a verte las pocas veces que vienes a mi ciudad?

—¿Y? ¿Qué te ha parecido?

—No puedo opinar ni ser objetivo sobre las cosas que hace Natalie Valley. Todo lo que hagas me va a parecer perfecto.

Natalie le miraba con los ojos clavados en los suyos y con una sonrisa que brillaba sobre las luces de la calle.

—Ya sé que los elogios son la perdición del artista,—siguió Mark—pero es lo que pienso de verdad.

—Muchísimas gracias, Mark.—respondió Natalie.—Y aunque, como tú dices, no puedas ser objetivo conmigo, significa mucho para mí todas esas palabras tuyas, de verdad. Y aunque los elogios sean la perdición del artista, también ayudan a querer seguir adelante.

Una de las desventajas de tener unos ojos tan preciosos, una sonrisa tan brillante y una voz tan angelical es que no se puede prestar atención a las palabras que salgan de ella. Mark la miraba sin escuchar, así que cambió de tema.

—¿Sabes, Natalie?—continuó Mark con un tono más nostálgico.—La última vez que nos vimos no supe aprovechar esos momentos en los que nos vimos. No pensé que iba a pasar tanto tiempo sin verte.

—Oh, Mark…—dijo Natalie mientras desviaba la vista al suelo ruborizada—Creo que a ningún otro fan le había llegado tanto al alma como a ti. Al menos, creo que ningún otro fan me había hecho tantos cumplidos.—

Levantó la mirada de nuevo.

—Yo también lo creo.

Natalie rió por el narcisismo sarcástico que tan bien sabía utilizar el joven. Él también rió, no por su propio comentario, sino por ver reír a aquella chica que no había podido escapar de sus pensamientos desde el día en el que se conocieron.

—Natalie, no sabes lo que significa para mí hacerte reír. Para mí estás en un nivel superior y no te mereces a alguien de un nivel tan bajo como yo, pero tengo que confesarte que te quiero, así sin más, porque, como te he dicho antes, me pareces perfecta y eso no va a cambiar nunca. Supongo que ya lo sabrás, pero tú no mereces a alguien que no se quiere ni a sí mismo y es obvio que nunca podamos ser, ni siquiera amigos, en otro sitio además de mis sueños. Probablemente, te olvides de mí dentro de un par de semanas, como mucho. Yo intentaré contactar contigo, pero ¿para qué? No puedes hacer que alguien se enamore de ti así. No es mi intención darte pena, no será la primera vez que una chica me rompe el corazón, pero sí que me lo rompe la chica perfecta.

De pronto se dio cuenta de que no había salido de su boca nada de eso, simplemente lo pensó mientras la miraba sonriendo.

—Natalie…—dijo finalmente mientras se le borraba la sonrisa—Por favor, no te asustes por lo que te voy a decir.

No hay nada que asuste tanto como que te digan "por favor, no te asustes por lo que te voy a decir". La sonrisa de Natalie perdió brillo.

—Natalie… T-t-tengo que decirte que… te quiero.

La cara de Natalie se oscureció al mismo tiempo que se volvía pálida. Ya no podía mirar a los ojos de Mark. Pensó en arrepentirse de lo que había hecho, pero cambió de idea. "No me lo podía esconder durante más tiempo. Era ahora o nunca."

—Sólo quería que lo supieras. Ya sé que no nos conocemos lo suficiente, pero yo creo saber lo que siento.—Mark bajó la vista a sus pies.—Quería decírtelo porque, quizá algún día te sientas mal y desdichada, lo sé porque yo me he sentido así también, pero sabrás que le importas al menos a una persona en el mundo.

Natalie volvió a mirarle a los ojos, esta vez con una expresión muy seria, tanto, que parecía enfadada. 

—Lo siento, Mark, tengo que irme.—dijo con voz firme.

Se acercó y le dio de nuevo dos besos en las mejillas sin cambiar la expresión, solo que esta vez, el segundo beso se había convertido en un susurro. "Por favor, olvídame, será lo mejor para los dos".

Mark se quedó petrificado y helado, pero sabía que tenía razón, en parte. Se miraron buen rato.

Entonces ella cruzó la puerta hacia el vestíbulo, Mark la siguió con la mirada. Cuando estaba en el umbral de la puerta, se volvió. Y le dedicó una última mirada, una última  sonrisa. Esta decía "lo siento".

—Adiós.—dijo finalmente Mark cuando recordó como se hablaba.

Mark le intentó devolver la sonrisa, pero no pudo.

—Adiós.—le respondió.
Entonces ella, desapareció. Desapareció de su vista, desapareció de la habitación, desapareció de su vida.

Mark intentó cumplir con todas sus fuerzas el favor que le había pedido Natalie, pero no pudo. Las sonrisas le mordían la mente. Las risas ya no se reían de sus bromas sino de él mismo. Los ojos de Natalie parecían no apartar la vista de él por las noches. Tenía pesadillas en las que voces le susurraban "olvídame, olvídame…".
Pasó 20 años así, no podía pensar en otra cosa, no podía aguantar más.
Recibió noticias suyas. Ella se había casado con un actor, había tenido dos hijas.
Los celos le volvieron loco.
Llegó el día en el que Mark decidió olvidarla para siempre y la única forma de hacerlo era desconectar su mente para siempre…


—No he podido olvidarte, Natalie. Pero lo intentaré una vez más. Te quiero…



----Puede que la historia no esté bien escrita y tenga varios errores, pero es que fue escrita del tirón según iban apareciendo las palabras en mi cabeza un sábado por la noche a punto de llegar a la fase REM y me da pereza corregirlos. Gracias por su comprensión y espero que os guste. ^^!