viernes, 10 de octubre de 2014

Cancelación de traducción de Blade Squadron

Hola a todos, os escribo porque puede que hayáis visto que he dejado de traducir la segunda parte de Blade Squadron y os explicaré por qué.

Yo lo estaba traduciendo porque era una historia inédita en español y como soy partidario de la idea de "si no existe, créalo", decidí traducirlo yo mismo y de paso compartirlo con todo el que quisiera leerlo.

El caso es que he encontrado una traducción bastante más fiel en la web http://www.librosstarwars.com.ar/ escrita por el usuario Javi-Wan Kenobi. El enlace para descargarlo es el siguiente:

http://archivos.librosstarwars.com.ar/03%20Era%20de%20la%20Rebelion/04%20DBY%20Escuadron%20Bastardo.pdf

Incluye las 2 partes juntas, además de imágenes del relato original.

Él ha traducido "Blade Squadron" como "Escuadrón Bastardo". Tuve mis reservas con la elección de ese nombre, pero en el documento lo explica bastante bien y tiene mucha lógica, y acabé estando de acuerdo.

Dejaré en mi blog la traducción que había escrito yo, por… no sé… por tenerlo… ^^!

Sayonara!



domingo, 28 de septiembre de 2014

Star Wars: Blade Squadron (Escuadrón Hoja) Parte 2 [Cancelado]

Os escribo lo mismo que en la primera parte, por si acaso.
Antes que nada, esta historia no es de mi creación, pero soy el único que la ha traducido al castellano, hasta donde yo sé.
"Blade Squadron" es un relato corto de dos partes escrito por David J. Williams y Mark S. Williams para los números 149 y 150 de la revista Star Wars Insider.
Si queréis los números originales, seguid los siguientes pasos:

  1. Entrad en http://www.hungry-ewok.ru/sw/insider.htm
  2. Buscad los números 149 y 150.
  3. En la casilla correspondiente, picad donde dice "Download" y elegid "NEW! English".
  4. Empezará a descargarse automáticamente.
Yo lo descargué de esa forma, así que no creo que tengáis problemas.

La historia está incluida en el nuevo canon oficial de Star Wars. Me he tomado la libertad de traducirlo por amor al arte y para cualquiera que desee leerlo.
Soy el primero en reconocer que la traducción puede no estar perfecta, así que si alguien se da cuente de que alguna frase, palabra, etc. podría estar mejor, tendré en cuenta todas las sugerencias.
Por último, quiero aclarar que la historia se sitúa en el año 4 DBY, poco antes y durante la Batalla de Endor, en otras palabras, hacia el final de Star Wars Episodio VI: El Retorno del Jedi.
¡Que lo disfruten!


ESCUADRÓN HOJA: PARTE 2


LA HISTORIA HASTA AHORA…

La Cadete Gina Moonsong, una piloto novata de Ala-B, se ha involucrado en la Batalla de Endor. A medida que el ataque a la segunda Estrella de la Muerte se enfurece, su grupo es asignado para proteger la retaguardia… Hasta llega el temible Destructor Estelar Devastador y los Ala-B se sumen en una lucha contra viento y marea…

Todo ha ido bien hasta este momento.
Gina Moonsong pudo verlo ahora; pudo ver como todos los caminos y permutaciones de su vida la habían conducido, inexorablemente, a este lugar: en algún lugar del espacio cerca de Endor, una luna absolutamente insignificante, que ahora era–gracias a la decisión del Imperio de construir su estación de combate allí–el lugar más importante en la galaxia. Todo el tiempo que pasó como contrabandista en Coruscant, toda su resolución para permanecer un paso por delante de la ley y nunca involucrarse… bueno, no había funcionado. Había conseguido involucrarse y mucho.
Y ahora ya no había vuelta atrás. Moonsong había visto su parte de cruceros de seguridad y policiales–había avanzado tanto como había huido de, prácticamente todo tipo de nave ahí fuera–pero nunca había visto un Destructor Estelar de verdad antes.
Claro, ella había visto a un millón de hologramas, participado en interminables carreras de entrenamiento, estudiado esquemas hasta que sus ojos se pusieran vidriosos… pero esto era diferente. Esto era un monstruoso bloque de metal cubierto de armas y blindajes, tripulado por hombres suficientes como para llenar una ciudad… el tipo de nave a la que nunca se le acercarían otras si querían vivir para ver otro aterrizaje. Cada instinto de Moonsong le gritaba que diera media vuelta a su Ala-B y huyera–pero de alguna manera controló sus nervios y mantuvo su rumbo, acelerando hacia el Devastador. Por primera vez desde que se había unido a la Rebelión se dio cuenta de la verdadera magnitud de su situación; la diversión y los juegos habían terminado.
Todo lo que quedaba era morir con valor.
Ella se detuvo en formación tras el Jefe Hoja, giró el ala de su nave treinta grados sobre la cabina giroestabilizada en la que estaba sentada; el compañero de ala de Moonsong Hoja Cuatro ejecutó la misma maniobra cerrando la formación. Ella no comprobó sus escáneres para saber que el Teniente Braylen Stramm y su compañero de ala estaban adaptado a su rumbo y velocidad. Todas las torpes misiones de entrenamiento y percances fueron olvidados; lo real estaba por llegar, y el escuadrón ha estado alzando hasta el momento, por fin trabajaban juntos como una sola unidad sin fisuras. Las naves parecían una gran bandada de aves mientras caían en posición de ataque. En la pantalla táctica de Moonsong el Devastador era una enorme bola giratoria de contramedidas electrónicas puntuadas por una lluvia saliente de fuego de cañón láser. A medida que las naves aceleraban hacia el gigante, Moonsong sentía el pandeo de los Alerones-S de su nave, mientras se esforzaba en mantener el rumbo y los impactos de los cañones láser del Devastador agotaban la energía del escudo deflector sacudiendo la nave. Por desgracia no había otra opción real de conseguir acercarse a un Destructor Estelar que ir directamente hacia él. Pero por el momento, el fuego enemigo era la menor de las preocupaciones de la Moonsong; se estaban acercando demasiado rápido a los artilleros de las naves para bloquearlos, y aún así se necesitarían varios impactos directos para destruir a un Ala-B. Ella sólo estaba empezando a pensar en que podrían hacer todo el camino hasta el propio Destructor Estelar cuando…
"¡Permanezcan en formación gente! ¡Interceptores aproximándose!"

La voz del Comandante de Ala Fox hizo eco a través de su auricular cuando un escuadrón de interceptores TIE rodearon del Destructor Estelar y se precipitaron hacia ella. Debieron de haber estado esperando justo tras la nave, pero ahora estaban desplegándose en serio contra la amenaza de los Ala-B. Sobre el papel, el desajuste era considerable: los Ala-B eran cazas de asalto que maniobraban como cargueros, rellenos como estaban con paquetes de aviónica normalmente reservados para las naves capitales más pequeñas. Los pilotos confiaban en los complejos sistemas de navegación para poder acertar los impactos–pero en un combate aéreo de nave a nave, el Ala-B estaba en considerable desventaja incluso con los Alas-A que volaban como escolta.


CANCELADO

domingo, 14 de septiembre de 2014

Star Wars: Blade Squadron (Escuadrón Hoja) Parte 1

Antes que nada, esta historia no es de mi creación, pero soy el único que la ha traducido al castellano, hasta donde yo sé.
"Blade Squadron" es un relato corto de dos partes escrito por David J. Williams y Mark S. Williams para los números 149 y 150 de la revista Star Wars Insider.
Si queréis los números originales, seguid los siguientes pasos:

  1. Entrad en http://www.hungry-ewok.ru/sw/insider.htm
  2. Buscad los números 149 y 150.
  3. En la casilla correspondiente, picad donde dice "Download" y elegid "NEW! English".
  4. Empezará a descargarse automáticamente.
Yo lo descargué de esa forma, así que no creo que tengáis problemas.

La historia está incluida en el nuevo canon oficial de Star Wars. Me he tomado la libertad de traducirlo por amor al arte y para cualquiera que desee leerlo.
Soy el primero en reconocer que la traducción puede no estar perfecta, así que si alguien se da cuente de que alguna frase, palabra, etc. podría estar mejor, tendré en cuenta todas las sugerencias.
Por último, quiero aclarar que la historia se sitúa en el año 4 DBY, poco antes y durante la Batalla de Endor, en otras palabras, hacia el final de Star Wars Episodio VI: El Retorno del Jedi.
¡Que lo disfruten!


ESCUADRÓN HOJA: PARTE 1

Gina Moonsong se asomó a la escotilla de la cabina y se deslizó por la escalera hacia la cubierta de vuelo. Se quitó el casco de vuelo para revelar su rojo corte de pelo que había llevado desde Dantooine, y se limpió el sudor de su piel olivácea. Antes de que pudiera entregar el registro de vuelo al jefe de mecánicos, el profundo barítono de la voz del jefe de ala suplente resonó en el hangar.
"¡En posición, cadete!"
Moonsong se quedó rígida y saludó con la sombra de una sonrisa que rozaba  la insubordinación mientras el Teniente Braylen Stramm puso su oscura cara junto a la de ella. Él parecía tan molesto como un oficial que acabara de ver un ejercicio de entrenamiento de vital importancia arruinado… más aún cuando el fin de superar a la Flota Imperial podría llegar un día u otro.
"¿Qué, en los tres soles, creía que estaba haciendo ahí fuera, cadete?"
Moonsong dudó mientras los pilotos salían de las naves a su alrededor. Las expresiones de sus rostros eran de molestia… ¿la forastera estaba causando problemas otra vez…? Según el interés profesional, ¿cómo iba a manejar su comandante de manual la última infracción de la chica problemática del escuadrón?
Ella miró a los ojos a Stramm, y sonrió.
"Cumplir la misión con éxito, señor."
"¿Con éxito? Los ordenadores dicen lo contrario. Fue destruida. Junto con medio escuadrón."
"Señor, le lanzamos tres impactos a un Destructor Estelar. Señor."
"Solo que no era un Destructor Estelar. Eso era un grupo de drones en el espacio simulando la posición de un Destructor Estelar. Y usted rompió la formación para lanzarle esos impactos. Después de que usted quedara aniquilada."
"Con el debido respeto, señor, los calculos que envió el jefe de ala eran erróneos."
"¿Y en menos de cincuenta horas es usted una experta pilotando un Ala-B? Esto no es como contrabandear en Coruscant, Cadete. Cuando vamos a la batalla no atacamos a un crucero de seguridad local. Nos enfrentamos a la Armada Imperial."
"Bueno, usted lo sabía todo acerca de eso, ¿no es así?"
Un momento de silencio estupefacto. Entonces Stramm respiró profundamente para citar a Moonsong por una inevitable infracción disciplinaria. Pero antes de que pudiera hablar:
"Es suficiente."
El Comandante de Ala Adon Fox se acercó a los dos. Corpulento y con la cara roja, compensaba su falta de físico guerrero  con sus reflejos y agilidad mental. Era conocido en toda la flota como jefe de pilotos de primer orden. Sin embargo, en este momento era lo único que podía hacer para evitar que se mataran el uno al otro.
"Voy a finjir que los últimos cinco segundos nunca han sucedido," dijo. "Porque la cadete tiene razón. Mis números eran erróneos."
Moonsong empezó a responder, pero Fox la interrumpió: "Pero en lugar de estar regodeándose allí, debería habernos dicho que estaba haciendo en primer lugar."
"Señor, no tuve tiempo…"
"Entonces haga tiempo."
Lo dijo con tal dureza que Moonsong supo que no debía cuestionarle.
"El objetivo del ataque de un escuadrón de Ala-B es que las naves combinadas actúen como un multiplicador de fuerza. Si combinamos nuestros vectores de ataque, tenemos muchas más posibilidades de terminar la misión con éxito… y vivos. ¿Entendido?"
"Sí señor."
"No creo que ella lo entienda en absoluto," murmuró Stramm.
"Ella hizo el trabajo, Teniente; nadie dijo que esta guerra iba a ser fácil." Fox se volvió hacia una Moonsong escarmentada. Sus ojos negros le recordaban a su antiguo mentor, Barthow Quince. Tenían la misma mirada de decepción que le hacían un nudo en la garganta.
"Esta no es su guerra personal, cadete. Si hubiera creido que no iba a hacer nada bueno,  anularía su estatus de vuelo aquí y ahora, pero, francamente, no tenemos los suficientes pilotos."
Elevó un poco la voz, dejando que sonara por todo el hangar.
"Tal como están las cosas, acabo de recibir las órdenes del Almirante Ackbar. Mañana es el gran espectáculo. La flota se dirige a Endor. Pero no participaremos en el asalto principal. Nosotros protegeremos las líneas de comunicación de la flota y vigilando la retaguardia…"
"¿¡¿Retaguardia?!?" Moonsong no pudo ocultar su decepción. "No he llegado hasta aquí solo para…"
"Suficiente, cadete. Tenemos nuestras órdenes. Retírese."
Fox giró sobre sus talones, y se alejó de la cubierta de vuelo. Sentía que el escuadrón no se dirigía a la zona mortal. Por un lado, deseaba asestarle un gran golpe al Imperio. Pero (por mucho que odiara admitirlo) el escuadrón no estaba preparado. Y en cuanto a Stramm… tenía buenas intenciones, pero, francamente, lo estaba intentando bastante. Lo que era de esperar; Stramm fue un ex-Oficial de la Marina Imperial que estaba acostumbrado a una estricta disciplina y a la cadena de mando. Lo que necesitaba era a darse cuenta de que la Alianza no utilizaba los mismos recursos para entrenar a sus pilotos. La mayoría de ellos nunca antes había pilotado un caza. Maldición, la mayoría de los nuevos cadetes de vuelo eran de mundos apartados con poca o ninguna experiencia militar.
En especial, Gina Moonsong. Como tantos otros que acudían a la Rebelión, ella no tenía ningún entrenamiento formal y había aprendido a volar en rutas de contrabando fuera de Coruscant. Moonsong podría tener una permanente aversión a las normas y reglamentos, pero no se podía negar que era una piloto increíble. Sin duda mejor que él mismo, tal vez casi tan buena como el legendario Wedge Antilles.
Fox no pudo evitar sonreír mientras consideraba la verdadera razón del roze entre los dos pilotos. Ellos pensaban que habían sido muy cuidadosos, pero Fox no era nada aparte de perspicaz, y había visto la llama química entre ellos desde el primer momento en el que se echaron el ojo. Si hubieran llevado o no las cosas más allá… bueno, no era de su incombencia. Las relaciones con subordinados eran desconocidas en la Marina Imperial, pero las cosas eran un poco más indulgentes en medio de la Rebelión, donde no había restricciones más allá de qué comandantes de ala estaba dispuesto a soportar. Y Fox no solo tiene cosas más importantes de las que preocuparse, él no iba a invocar una doble moral. Todos en la vid del escuadrón sabían cómo generales jugueteaban por ahí con princesas, y en todo caso la Rebelión era más fuerte. Las relaciones ilícitas de su escuadrón no eran problema de Fox, sino del adiestramiento. Su gente estaba aún verde. Aún asustada.
Había sido el mismo, no hace mucho tiempo. Cuando comenzó la Batalla de Hoth, había hecho menos de cien horas de vuelo y sin embargo, esperaba pilotar su simple Ala-X como escolta a un transporte de escape. Parecía una misión suicida, pero de alguna manera salió adelante, y sobrevivió. Con lo que no había contado fue con la destrucción del transporte de su esposa mientras despegaba por culpa del bloqueo del Destructor Estelar. Pero después de aquello, Fox ya no estaba asustado. No sentía casi nada en estos días, la verdad sea dicha. Y estaba bien con ello. Se acostó en su cama, sabiendo que no había manera de pegar ojo antes de la operación de mañana. Él sabía exactamente a donde se aventuraban sus sueños, y se figuró que ningún sueño era mejor que tratar con fantasmas del pasado.
Stramm tampoco dormía.
Había hecho un poco de café, y se acomodó junto a diagramas esquemáticos de Alas-B, Alas-X, cazas TIE y Destructores Estelares. Por no hablar de la Estrella de la Muerte original. Había repasado todos los informes de la Batalla de Yavin… centrándose en particular en los cuadernos de bitácora de Antilles y Skywalker. Habían logrado lo imposible, pero ni siquiera ellos habían tenido que lidiar con naves capitales que custodiaban la estación. Stramm sabía que esta vez la Armada Imperial no iba a ser tan laxa, sobre todo porque la estación estaba lejos de estar operativa.
Él conocía la lógica imperial, por supuesto… de primera mano. Al menos tenían unos cuantos Destructores estelares a su disposición, y probablemente emplearan una gran cantidad de cazas TIE como piquetes de largo alcance. El plan del almirante Ackbar de salir del hiperespacio lo más cerca posible de la Estrella de la Muerte parecía el único plan posible, pero la idea le hizo un nudo en el estómago a Stramm.
No era la muerte lo que temía, sin embargo. Sino el fracaso. Su fe en la rebelión no era precisamente ilimitada; no se había unido porque pensaba que iban a ganar. Solo estaba cansado de luchar por una fuerza opresiva… de poner su bota en la garganta de los provincianos cuyo único delito era no doblegarse con la suficiente rapidez. Había pasado sólo un año desde que desertó de su cargo en la guarnición imperial de Naboo y se dirigió hacia el Borde Exterior para unirse a la Alianza. Finalmente rompió, pensando que era mejor morir luchando contra la tiranía que seguir siendo su dispuesto servidor.
Y ahora parecía que por fin se iba a cumplir su deseo.
El timbre de la puerta rompió su concentración.
Stramm estaba más que ligeramente sorprendido cuando la abrió para encontrar a Moonsong ahi de pie. Sus ojos esmeralda parecían casi brillar en la oscuridad. Él la tomó por el brazo,atrayéndola a sus habitaciones.
"¿Alguien te ha visto venir?" preguntó.
"Francamente, la gente tiene cosas más importantes de las que preocuparse." Moonsong señaló los diagramas esquemáticos. "¿Haciendo un repaso de última hora, Teniente?"
"¿Qué quiere, Cadete?"
Por un momento se miraron el uno al otro. Entonces…
"Quería disculparme," dijo ella.
"Es la primera vez."
"Por lo que dije en el hangar. No era mi intención cuestionar su lealtad. Estaba enfadada y me pasé de la raya."
Stramm se encogió de hombros. "Usted simplemente constató un hecho."
"Ya sabe a lo que me refiero."
"Claro. También estuve un poco alterado… solo porque…"
Moonsong dio un paso adelante y puso su mano suavemente sobre el pecho de Stramm. "Sé por qué."
Stramm puso su mano sobre la de ella. "Vamos a salir de esta."
"No digas cosas que no piensas."
"¿Qué quieres que te diga?"
"La verdad."
"La verdad es que ninguno de nosotros sabe lo que va a pasar mañana."
Eso la hizo reír a carcajadas. "¿Qué es tan gracioso?" preguntó.
"'Ninguno de nosotros sabe lo que va a pasar…' precisamente por eso tenemos una oportunidad."
Él sonrió, y la atrajo hacia él.
El Almirante Jhared Montferrat estaba harto de los gritos.
No era un ruido que se soliera oír a bordo del Devastador. Su tripulación era la mejor que había, y se enorgullecían justificadamente del legado único de su nave. Y en este momento, ese orgullo no podía ser mayor: después de meses asaltando el comercio rebelde, la nave iba a reunirse con Vader y su flota en Endor. La batalla final de la guerra podría estar en camino, y eso significaba que no había tiempo en absoluto para distracciones. Así que cuando el Devastador pasó a capturar algunos presuntos contrabandistas de camino al sistema, las órdenes de Montferrat eran tan simples como crueles.
Lo cual significa que hubo un montón de gritos.
Montferrat observaba a los cuatro hombres esposados ​​con su único ojo gris. Había oído ya suficientes protestas desesperadas sobre cómo no eran espías rebeldes. Ciertamente, existía la remota posibilidad de que pudieran estar diciendo la verdad acerca de ser comerciantes, pero en última instancia no había ninguna diferencia. Montferrat había descubierto en sus muchos años de mandato que lo mejor era mantener una tripulación centrada en su misión. Esa fue una de las muchas lecciones que había aprendido en los días en los que el Devastador sirvió como nave insignia personal de Darth Vader. Una tripulación centrada era una tripulación menos propensa a cometer errores, y Montferrat creía en el trato con los fallos de forma rápida y definitiva. Así la oportunidad de demostrar el castigo por delitos era siempre bienvenida.
Dirigió a los soldados de asalto una breve inclinación de cabeza, que cerraron la compuerta, cortando los gritos. Uno de los contrabandistas empezó a golpear la ventana, pero Montferrat no se molestó en mirar. Esperaba que si su día llegaba, lo recibiría con más dignidad que los hombres que estaba despachando. El soldado de asalto activó la bolsa de aire y los golpes se detuvieron. El sargento dio un paso adelante.
"¿Qué deberíamos hacer con su nave, Almirante?"
"Dejadla a la deriva y que los artilleros la utilicen como blanco de prácticas. Puntuad los ejercicios y hacedme saber si algún artillero no logra alcanzar el cien por cien."
Sin esperar una respuesta, Montferrat giró sobre sus talones y se dirigió hacia el puente de mando. Tomó el camino largo, por supuesto. Siempre paseaba por la cubierta antes de una gran operación; le gustaba que los oficiales y la tripulación supieran que él estaba observando cada uno de sus movimientos. Eso fue una cosa más que Lord Vader le había enseñado. A decir verdad, no esperaba mucho en el camino hacia la acción de la próxima operación; no había manera de que los sorprendidos rebeldes fueran capaces de soportar el impresionante despliegue de poder que el Emperador había reunido para poner fin a sus sediciosas tonterías de una vez por todas. Aun así, su analítica mente se había repasado los detalles de la misión una y otra vez, y tenía la intención de llevarlas a cabo al pie de la letra.
Montferrat llegó al puente para encontrar al Comandante Gradd vestido con su impecable uniforme de vuelo. No cabía duda de que Gradd fue uno de los mejores pilotos de caza TIE en toda la flota, pero a Montferrat encontraba en su ostentosa naturaleza una fuente de continua molestia. Se aclaró la garganta.
"Comandante, quiero sacar sus interceptores y tomar posición en la popa de la nave."
Gradd arqueó una ceja y se pasó el dedo por el bigote, delgado como un lápiz. "Creía que íbamos a apoyar las operaciones de la Estación de Combate, Almirante."
"Así es, solo que ahora lo haréis más cerca de esta nave cuando nos vayamos a unir a la flota rebelde."
"Señor, ¿puedo sugerir que–?"
"No, no puede. Considerando que incluso la más pequeña de sus naves de ataque tiene hipermotores, no quiero que me tome por sorpresa un ataque de cazas, y quiero tener la libertad de maniobra contra sus naves capitales en cuanto tengamos luz verde."
Gradd se inclinó ligeramente y dedicó a Montferrat una sonrisa retorcida. "Una sensata modificación del plan, señor. Permítame felicitar–"
"Ahórreselo, comandante. Cuando la batalla esté ganada, estoy seguro de que habrá tiempo suficiente para las felicitaciones correspondientes. Retírese."
El experto guerrero se dirigió hacia la salida del puente. De alguna manera su ego no era demasiado grande para atravesar la puerta, pero a su paso Montferrat estaba en un enfurecido silencio. Nadie se habría atrevido nunca a cuestionar las órdenes de Vader cuando él dirigía esta nave. Montferrat podría dar testimonio personalmente sobre eso, habiendo visto la Fuerza de Vader asfixiar a más de un oficial imperial desafortunado delante de sus propios ojos. Montferrat había vivido día a día con el temor de ese agarre mortal cuando él era subordinado de Vader a bordo del Devastador–y había estado (aunque nunca lo habría admitido) más que aliviado cuando Vader transfirió su insignia al Ejecutor.
No es que Vader necesitara estar en la misma nave para imponer castigos. Y de todas formas, el Ejecutor era visible en las pantallas en este mismo momento–una imposiblemente vasta nave, los Destructores Estelares parecían pececillos al lado de un tiburón. Mirando la nueva nave insignia, Montferrat casi deseaba que Vader lo hubiera elegido como oficial para servir en el puente del Ejecutor. Pero él sabía que esos pensamientos eran una tontería. Montferrat era guardián de un importante legado–un deber sagrado. El Devastador había sido testigo de batallas históricas–Había servido en el bloqueo de Hoth, y una vez incluso había capturado a la Princesa Leia Organa. Quién sabe, tal vez tendría otra oportunidad de frente a la batalla que se avecinaba. A la nave se le había reinstalado docenas de veces con los más avanzados sistemas y armas, manteniendo la competencia con las naves capitales operativas más recientes. El Devastator siguió siendo así uno de los comandos más prestigiosas de la flota. Montferrat habría sido el primero en decir que tenía la suerte de estar donde estaba, pero era bien sabido por todos los que servían con él que el almirante creía firmemente que no existía tal animal como la suerte. Levantó la vista de su ensimismamiento al ver a un oficial de puente alterado señalando una pantalla táctica.
"Almirante: la flota rebelde acaba de salir del hiperespacio."
Conmoción era de lejos una palabra demasiado suave para lo que experimentó la flota Rebelde, cuando se dio cuenta de que el escudo de la casi completa Estrella de la Muerte estaban activados. Pero aún más alarmante fue el hecho de que estaba completamente bloqueada por la más grande flotilla de Destructores Estelares jamás reunida–una gran cantidad de naves que se extendían por el cielo. Era una trampa. Fox soltó una maldición en voz baja cuando el comunicador de su Ala-A se llenó con las voces apuradas de los otros comandantes de ala pidiendo instrucciones. Tomó la situación; la principal fuerza de ataque rebelde encabezada por el General Lando Calrissian con el Halcón Milenario había interrumpido su ataque a la estación de combate y estaba siendo atacado con enjambres de cazas TIE enviados desde la flota Imperial. Detrás de ellos, el Destructor Estelar se dirigía hacia la matanza. La pantalla táctica de Fox parecía una telaraña con varias capas de interferencia electromagnética. No se sorprendió en absoluto cuando recibió órdenes de cancelar la misión de retaguardia y la reasignación inmediata de su ala.
"Ya era hora," dijo Moonsong.
"Menos charla, Hoja Tres," espetó Stamm. Moonsong se calló cuando Fox soltó las nuevas órdenes. No había tiempo para explicarles el porqué de la situación. Su trabajo no era pensar–de hecho, cuanto menos pensaran en este momento, mejor. Pero aún con la remota posibilidad de que los comandos rebeldes que habían desembarcado en la luna hubieran desactivado el escudo de alguna manera, la flota iba a tener que girar rápidamente y en sentido contrario a la Estrella de la Muerte. Iban a tener que aprovechar cada segundo. Y no iban a tener tiempo de abrirse camino a través de los todavía más numerosos Destructores Estelares. Uno en particular estaba desplegándose justo en frente del escudo...
Fox reconoció al Devastador.
La nave que Vader una vez había comandado. La nave que había matado a su familia. Apretó los dientes y activó su micrófono.
"Jefe Hoja a Escuadrón Hoja. Seguidme en el rumbo uno-siete-cero-delta."
El Escuadrón Hoja se dispersó, después de volver a reunirse como una bandada de pájaros saliendo disparados hacia la enorme nave en formación de punta de flecha. Pero cualquier esperanza que tenía Fox para un ataque rápido contra la enorme nave desapareció cuando dos docenas de Interceptores TIE se deslizaron por la popa del barco y llegaron a ellos cara a cara. Fox les vio precipitándose en las pantallas con una sensación de hundimiento. Él sabía en su corazón que la mayoría de sus pilotos habían apenas comprendido las técnicas necesarias para hacer que los ataques se ejecutasen en una nave capital. Y ahora iban a tener que pelear como perros por sus vidas contra cazas TIE experimentados. Sin embargo, la situación aquí era la misma que en el resto de la flota. Estaban rodeados. Era el fin.
Pero no lo fue.
Fox esbozó una sonrisa. Tal vez no fueran capaces de ganar, pero al menos darían a los imperiales una lucha que jamás olvidarían.
"Escuadrón Hoja… comience la ejecución de su ataque!"



miércoles, 7 de mayo de 2014

Traición y Venganza

Esta es una historia sobre una de las aventuras del Capitán América que escribí para un concurso, que, ¡sorpresa! no resulté ganador. -.-
Para otra vez será…
La he publicado en este blog porque me costó NOCHES SIN DORMIR PARA ESCRIBIR ESTA HISTORIA… Nah, es broma… Pero si puse mucho tiempo… Un par de horas…
En realidad no es una historia, sino el argumento de una historia.
Bueno, a lo mejor os gusta. ^^!


Traición y Venganza

Corea del Norte planea invadir Ucrania ahora que se encuentra en un estado de debilidad para conseguir más influencia en Europa. Una agente de SHIELD, Dyana Sregor, consigue transmitir esa información al director Furia. Nick la envía a Ucrania disfrazada de senadora norcoreana junto a Steve Rogers como escolta incognito para intentar "convencer" de la anulación del ataque. Markus Milltenberg le reconoce y quiere vengarse.

El abuelo de Markus, Frank Milltenberg, abandonó a su familia que vivía en Ucrania, para unirse en secreto a los nazis, mientras su mujer e hijos creían que se iba a unir a los americanos. Como todos los nazis, Frank odiaba al Capitán América y, tras una derrota de su escuadrón a manos de Rogers, le envió una carta a su hijo Walter, "El Capitán Rogers nos ha traicionado. Reclama venganza, hijo mío." Walter nunca encontró a Rogers ya que este se encontraba congelado, así que la misión de venganza recayó en su hijo Markus como herencia. Este piensa que su abuelo era el único que conocía la supuesta traición y no le extrañó que, cuando el Capitán regresó, no fuera a juicio.

La hermana de Markus, Martina, desapareció a los 14 años. Se había ido a investigar sobre su abuelo. Llegó a Alemania y descubrió en un laboratorio abandonado que su abuelo fue nazi, se llevo pruebas de ello además de diseños de un generador de pulsos electromagnéticos que había entre los papeles. Intentó volver para contarle a su familia la verdad, pero la apresaron miembros de HYDRA, pues había estado en zona prohibida. La trasladaron a Nueva York y estuvo confinada en una celda durante 2 años. Tiempo después, un leviatán chitauri destruye el edificio en el que estaba encerrada. Martina sobrevive y viaja a Ucrania en un carguero de piratas.

Markus dispara a Rogers, pero falla y mata al gobernador norcoreano. El ejercito invasor se enfurece a causa del supuesto acto de rebeldía ucraniano y carga contra el país. El Capitán se da cuenta de que no tiene sentido esconderse más y ayuda a Ucrania a luchar contra los norcoreanos en la batalla que se forma, pero los enemigos son demasiados en comparación con los ucranianos desprovistos de armas. Steve pide refuerzos a SHIELD y varios agentes disponen un generador de pulso electromagnético que neutralizará las armas, pero un proyectil alcanza la nave que lo traía. El generador queda dañado al caer en tierra.

Martina llega en mitad de la batalla y decide ayudar al Capitán América ya que sabe que en realidad no es un traidor. Asistida por Steve, aún gravemente herida consigue arreglar el generador gracias a los planos que encontró en el laboratorio. Muchos ucranianos mueren a manos del ejército, entre ellos Martina que ve morir también a su hermano Markus delante de ella, que a su vez muere sin saber que el traidor, en realidad, fue su abuelo. Las armas quedan neutralizadas debido al pulso y el Capitán América logra inmovilizar a todo el ejercito enemigo.


Steve descubre por qué Markus intentó matarle y le lleva a su familia las pruebas que llevaba Martina sobre la verdad acerca de su abuelo para evitar que la venganza engendre más venganza.



jueves, 3 de abril de 2014

Los Descubrimientos de James Jones



Hubo un día en el que en el mundo no existían los libros. En el día 23 de Abril de 1899 nació en una ciudad de Finlandia, San Julián, James Jones, James era muy curioso y muy olvidadizo, descubría tantas cosas que se le olvidaban poco después.

Cuando James creció estudió para ser arqueólogo porque los arqueólogos descubrían cosas antiguas y perdidas. Cuando tuvo 20 años terminó su carrera de arqueólogo.

Su primer trabajo fue visitar una mina. Dentro de la mina cayó encima de su ropa una piedra negra, vio que en la parte de la ropa en la que cayó la piedra estaba manchada de negro. Recogió la piedra con curiosidad, al cogerla también se manchó los dedos de negro, y le resultó muy interesante. Se la guardó en su bolsillo, sin preocuparle que se manchara también el pantalón, para llevársela a su laboratorio personal.

En su laboratorio, examinó a la piedra y vio que era blanda y por lo tanto se podía rayar y afilar. James llamó a la piedra “mina” porque allí, en la mina, es donde se la había encontrado.

En su segundo trabajo tuvo que ir a un bosque, allí había un leñador talando árboles. James vio que el leñador cortaba los troncos de los arboles caídos en láminas para hacer tablas para los asientos de las sillas. James le preguntó al leñador si se podía llevar una lámina de madera, el leñador asintió. James había tenido una idea.

Al día siguiente, James cortó una tabla más fina y cada vez más fina hasta que se podía doblar. Enrolló esa tabla en la mina una vez afilada para no mancharse y dibujó unos símbolos. Así formó las letras.

James llamó a dibujar las letras “escribir” y escribió en un papel todo lo que había descubierto, como no le cabía todos sus descubrimientos en un solo papel cogió más papeles.

A los dos años informó a toda la ciudad de San Julián sobre el descubrimiento de los libros. La ciudad de San Julián se lo informó a toda Finlandia, Finlandia a toda Europa y Europa a todo el mundo.

Poco después todo el mundo estuvo “leyendo” (que es como llamó James a ver y entender a las palabras) libros.

La ciudad construyó un monumento a James Jones como el inventor de los libros y el día de su nacimiento lo señalaron como el día del libro.

Llamó al conjunto de papeles “libro” porque se sentía libre escribiéndolos. El libro que escribió donde cuenta todo lo que descubrió lo llamó:
“Los descubrimientos de James Jones”

Otro día estaba escribiendo otro libro. Lo que sucedió después fue algo inexplicable. Al escribir una palabra, salió una luz de las letras y lo absorbió. No se supo nada de James desde aquel día, pero eso es otra historia…

FIN


“Todo lo que aparece en este cuento es pura ficción, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia… o no”




----Esta historia la escribí palabra por palabra con 10 años para un trabajo de clase en 5º de Primaria.

lunes, 31 de marzo de 2014

Olvídame

Antecedentes para comprender la historia:
Una actriz de teatro, Natalie Valley, y su mayor fan, Markus Ford, que siente por ella mucho más que admiración. Solo se han visto en persona una vez, pero han seguido en contacto a distancia.



Mark se quedó esperando en la salida del teatro durante una media hora hasta que ella apareció.

—¡Hola, Natalie!—dijo lleno de felicidad.

—¡Mark! ¿Qué tal? Me alegro de verte.— respondió ella sorprendida con una sonrisa radiante mientras le daba dos besos en las mejillas.

—Yo me alegro muchísimo también de verte y escucharte.—dijo Mark señalando con la cabeza al interior del teatro.

—¿Nos has visto?

—Por supuesto.—Mark frunció el ceño—¿Qué clase de fan sería si no fuera a verte las pocas veces que vienes a mi ciudad?

—¿Y? ¿Qué te ha parecido?

—No puedo opinar ni ser objetivo sobre las cosas que hace Natalie Valley. Todo lo que hagas me va a parecer perfecto.

Natalie le miraba con los ojos clavados en los suyos y con una sonrisa que brillaba sobre las luces de la calle.

—Ya sé que los elogios son la perdición del artista,—siguió Mark—pero es lo que pienso de verdad.

—Muchísimas gracias, Mark.—respondió Natalie.—Y aunque, como tú dices, no puedas ser objetivo conmigo, significa mucho para mí todas esas palabras tuyas, de verdad. Y aunque los elogios sean la perdición del artista, también ayudan a querer seguir adelante.

Una de las desventajas de tener unos ojos tan preciosos, una sonrisa tan brillante y una voz tan angelical es que no se puede prestar atención a las palabras que salgan de ella. Mark la miraba sin escuchar, así que cambió de tema.

—¿Sabes, Natalie?—continuó Mark con un tono más nostálgico.—La última vez que nos vimos no supe aprovechar esos momentos en los que nos vimos. No pensé que iba a pasar tanto tiempo sin verte.

—Oh, Mark…—dijo Natalie mientras desviaba la vista al suelo ruborizada—Creo que a ningún otro fan le había llegado tanto al alma como a ti. Al menos, creo que ningún otro fan me había hecho tantos cumplidos.—

Levantó la mirada de nuevo.

—Yo también lo creo.

Natalie rió por el narcisismo sarcástico que tan bien sabía utilizar el joven. Él también rió, no por su propio comentario, sino por ver reír a aquella chica que no había podido escapar de sus pensamientos desde el día en el que se conocieron.

—Natalie, no sabes lo que significa para mí hacerte reír. Para mí estás en un nivel superior y no te mereces a alguien de un nivel tan bajo como yo, pero tengo que confesarte que te quiero, así sin más, porque, como te he dicho antes, me pareces perfecta y eso no va a cambiar nunca. Supongo que ya lo sabrás, pero tú no mereces a alguien que no se quiere ni a sí mismo y es obvio que nunca podamos ser, ni siquiera amigos, en otro sitio además de mis sueños. Probablemente, te olvides de mí dentro de un par de semanas, como mucho. Yo intentaré contactar contigo, pero ¿para qué? No puedes hacer que alguien se enamore de ti así. No es mi intención darte pena, no será la primera vez que una chica me rompe el corazón, pero sí que me lo rompe la chica perfecta.

De pronto se dio cuenta de que no había salido de su boca nada de eso, simplemente lo pensó mientras la miraba sonriendo.

—Natalie…—dijo finalmente mientras se le borraba la sonrisa—Por favor, no te asustes por lo que te voy a decir.

No hay nada que asuste tanto como que te digan "por favor, no te asustes por lo que te voy a decir". La sonrisa de Natalie perdió brillo.

—Natalie… T-t-tengo que decirte que… te quiero.

La cara de Natalie se oscureció al mismo tiempo que se volvía pálida. Ya no podía mirar a los ojos de Mark. Pensó en arrepentirse de lo que había hecho, pero cambió de idea. "No me lo podía esconder durante más tiempo. Era ahora o nunca."

—Sólo quería que lo supieras. Ya sé que no nos conocemos lo suficiente, pero yo creo saber lo que siento.—Mark bajó la vista a sus pies.—Quería decírtelo porque, quizá algún día te sientas mal y desdichada, lo sé porque yo me he sentido así también, pero sabrás que le importas al menos a una persona en el mundo.

Natalie volvió a mirarle a los ojos, esta vez con una expresión muy seria, tanto, que parecía enfadada. 

—Lo siento, Mark, tengo que irme.—dijo con voz firme.

Se acercó y le dio de nuevo dos besos en las mejillas sin cambiar la expresión, solo que esta vez, el segundo beso se había convertido en un susurro. "Por favor, olvídame, será lo mejor para los dos".

Mark se quedó petrificado y helado, pero sabía que tenía razón, en parte. Se miraron buen rato.

Entonces ella cruzó la puerta hacia el vestíbulo, Mark la siguió con la mirada. Cuando estaba en el umbral de la puerta, se volvió. Y le dedicó una última mirada, una última  sonrisa. Esta decía "lo siento".

—Adiós.—dijo finalmente Mark cuando recordó como se hablaba.

Mark le intentó devolver la sonrisa, pero no pudo.

—Adiós.—le respondió.
Entonces ella, desapareció. Desapareció de su vista, desapareció de la habitación, desapareció de su vida.

Mark intentó cumplir con todas sus fuerzas el favor que le había pedido Natalie, pero no pudo. Las sonrisas le mordían la mente. Las risas ya no se reían de sus bromas sino de él mismo. Los ojos de Natalie parecían no apartar la vista de él por las noches. Tenía pesadillas en las que voces le susurraban "olvídame, olvídame…".
Pasó 20 años así, no podía pensar en otra cosa, no podía aguantar más.
Recibió noticias suyas. Ella se había casado con un actor, había tenido dos hijas.
Los celos le volvieron loco.
Llegó el día en el que Mark decidió olvidarla para siempre y la única forma de hacerlo era desconectar su mente para siempre…


—No he podido olvidarte, Natalie. Pero lo intentaré una vez más. Te quiero…



----Puede que la historia no esté bien escrita y tenga varios errores, pero es que fue escrita del tirón según iban apareciendo las palabras en mi cabeza un sábado por la noche a punto de llegar a la fase REM y me da pereza corregirlos. Gracias por su comprensión y espero que os guste. ^^!