Salimos del cine. Ella estaba feliz, los dos lo estábamos. Con nuestro dinero no podíamos permitirnos ir al cine muchas veces. Yo trabajaba ayudando a mi padre en su tienda. No ganábamos mucho, solo lo suficiente para mantenernos a nosotros y a mi madre. Ella estudiaba, quería ser periodista, y su familia no tenía prácticamente nada a parte de una floristería. Había muchos días en la que no probaban bocado.
El único momento del día capaz de hacerme sonreír era en el que estábamos juntos. Yo había sacrificado muchos desayunos para poder ir al cine, no permitiría que ella pasara por lo mismo, así que le pagué su entrada. Al principio se negó, pero la compré a escondidas. Haría lo que fuera por ver como sonreía y pasaba un rato agradable, y así fue. Cuando salimos, ella estaba feliz, los dos lo estábamos.
Le ofrecí dinero de una de mis cenas sacrificadas para que cogiera el autobús hacia su casa, era lo único que me quedaba. Ella lo rechazó y me dijo "Nunca te dejaré solo". Esta vez no pude hacer nada para salirme con la mía, ella había ganado. Entonces nos marchamos andando.
Pasamos el camino comentando la película que acabábamos de ver y planeando a lo que íbamos a hacer el día siguiente, hasta que, al girar una esquina, nos encontramos con un grupo de hombres, unos cuatro o cinco. Murmuraban cosas que no entendía, pero estaba seguro de que no era nada bueno, así que intenté evitar el contacto visual y acelerar la marcha. Me fijé que en el suelo, cerca de ellos, había un par de jeringuillas.
De repente tuve miedo, los dos lo teníamos, y ella me agarró mi mano con más fuerza. Intenté reprimir mi miedo, pues me daba la impresión de que podían sentirlo, olerlo, y no nos convenía que eso pasara.
En el momento en el que les dejamos atrás, pararon los murmullos, solo oíamos nuestras respiraciones, pero sentí que sus miradas se clavaban en nuestras espaldas como si fueran las jeringuillas que había visto.
No, estaba equivocado, no miraban nuestras espaldas, solo la miraban a ella.
Caímos al suelo. Nos habían empujado. Lo primero que hice fue mirarla y comprobar que estaba bien, pero solo tuve tiempo de ver como dos de los hombres se la llevaban hacia los otros. Me levanté, corrí hacia ellos. Les grité. Nunca había gritado tan fuerte. Grité incluso más fuerte de lo que ella estaba gritando.
Estaba a treinta centímetros de uno de los hombres, golpeé con uno de mis puños a su mandíbula mientras yo seguía gritando. En ese momento se paró el tiempo, no había vuelta atrás. No le afectó lo suficiente, pero bastó para que la soltará. El otro la soltó también para tener las manos libres y golpearme. El resto del grupo se unió a él.
Ella estaba libre, aparentemente, pero cuando la miré, parecía una estatua, mirándome fijamente con esos ojos que aquella noche brillaban mucho más de lo normal. Desearía que no fuera a causa de las lágrimas.
Me vi rodeado de cinco hombres que me superaban en fuerza notablemente. Entre golpe y golpe yo iba moviendo mis puños, codos, rodillas, pies y cabeza hacia todo lo que hubiera cerca de mí. Solo conseguí cansarme más. Dos de los hombres me habían agarrado de los brazos mientras el resto me daba patadas y puñetazos. Me salía mucha sangre de la cara, lo veía todo nublado. Pensé en ella, en como se había quedado petrificada. Iba a rendirme, iba a decirle que corriera, pero su voz sonaba en mi cabeza. "Nunca te dejaré solo".
De repente, tuve un brazo libre, uno de los hombres había gritado y caído al suelo con tres agujeros con sangre en el cuello. Supe que era mi última oportunidad, reuní todas mis fuerzas para darle un puñetazo en la nariz del otro hombre que me agarraba, fui velozmente a coger la mano de ella, la vi detrás del hombre que había caído. Tenía una jeringuilla que goteaba sangre. Los otros fueron muy lentos, no se lo esperaban.
Corrimos lo más rápido que podíamos por donde habíamos venido, me dolían demasiado las piernas, ella estaba demasiado asustada. Corrimos lo más rápido que podíamos, pero no fue suficiente. Ella me soltó la mano y cayó al suelo.
La vi, ahí tirada en la carretera, junto a un ladrillo empapado de sangre, su sangre. Sus ojos brillantes me miraban, yo quise apartar la mirada. Miré hacia atrás. No había nadie.
La mire a ella, miré sus ojos inundados, miré sus labios ensangrentados.
"¿Voy a ponerme bien?" Sus ojos empezaban a secarse, no pude responder. Mis lágrimas mojaban su sonrisa. Solo le dije una cosa. "Nunca te dejaré sola".
El beso sabía a sangre. El beso sabía a tristeza. El beso sabía a muerte.
Cuando la volví a mirar, sus ojos ya no estaban abiertos.
Cuando la volví a tocar, su corazón ya no estaba latiendo.
Cuando todo terminó, mi sonrisa, nunca más, nadie vio.
Cuando todo había acabado, mi felicidad se había… esfumado.
¿Te acuerdas de nuestros sueños?
¿Te acuerdas de nuestros besos?
---------------Basado en hechos reales-------------
--------No personalmente, pero ha pasado-------
-------------------------Es verdad---------------------
------------------------¿Os gusta?---------------------
-----------------------Pues ya ehtá--------------------
--------------------Sayonara, people-----------------